Camino del Condor
Entrevista exclusiva de Ciruelo Cabral, nos habla de su último proyecto: El Camino del Condor, se trata de la realización de Petropictos en las paredes montañosas y en grandes piedras que se ubican en el Lago Lacar.
-¿Contamos cómo surgió la idea de El Camino del Cóndor? Me llamó la gente de Patagonia Arte y me hablaron del proyecto, me contaron lo que ellos hacían: es una fundación que promociona el arte de los artistas patagónicos. Me propusieron hacer el proyecto y a mi se me ocurrió,como primera fase del proyecto, viajar ahora que yo volví acá al Palais, para hacer este pequeño documental y así dar el primer paso de este proyecto, que es lo que acabo de hacer. De ahora en más encarar el proyecto propiamente dicho es muy gordo, ya veremos incluso por una cuestión de que hay que pedir permisos, eso es el Parque Nacional Lanin. Ahora las cosas irán por sus cauces naturales, cuando sea tiempo de hacerlo se hará. Yo también tengo que ordenar mis tiempos, tengo que combinarlo con mis viajes, con mis tiempos y mis proyectos aparte.
-Además vos estas viviendo en España, no podes venir a quedarte mucho tiempo acá. Este es un trabajo que me llevaría dos o tres meses de vivir ahí, me tendría que venir con mi familia.
-Ya mencionaste que el lugar sería el Lago Lacar. Tenés los lugares precisos donde estarán tus obras? Si, los lugares son los que filmé en el documental y sería el lugar ideal, ya están medio seleccionados, igualmente todo depende si se consigue el permiso. En San Martín de los Andes hay 3 o 4 puntos no muy lejos que podrían ser, de ahí en más ya depende de un montón de factores.
-Para hacer los Petropictos vos trabajas con pinceles y aerógrafo ¿Cómo tenés pensado hacer este trabajo debido al tamaño de las superficies que vas a utilizar? Sería con aerógrafos un poco más grandes, alguna parte probablemente con pinceles grandes, algún que otro rodillo y quizás aerosoles grandes. Lo fundamental serían los aerógrafos más grandes. Lo que sí cambia es que obviamente para llegar a ciertas alturas necesitaré alguna grúa, algún arnés para colgarme. No sé ya son cuestiones que dependen de cada parte, ya que cada una dependerá de un elemento diferente, quizás una pala escavadora que me levante a cierto nivel para alcanzar algunas partes y después pintaría algunas a las que no necesite subirme tanto, como piedras grandes del tamaño de un coche.
-¿En tus palabras como sentís el proyecto? Me parece muy mágico, esa zona esta llena de pinturas rupestres. Sería un poco como una continuación, un homenaje a las culturas del lugar, a la naturaleza.
A continuación una de las leyendas de la zona, publicada en el libro: Cuentan los araucanos de Koessler-Ing Berta, presten mucha atención a esta leyenda especialmente al detalle de "las rojas alas de la culebra". ¿Un Dragón Rojo en el lago Lacar? si es así, que mejor lugar para que Ciruelo realice su trabajo.
El Dios del Cielo y sus rebeldes hijos
Nuestro buen Dios había vivido siempre en el cielo azul con su Madre, que era al mismo tiempo su esposa, o mejor dicho su esposa y su madre, y que se llamaba La Reina Azul o La Reina Maga. También la llamaban Kushe, lo cual quiere decir Bruja o Sabia. Y Dios y Kushe estaban allá arriba con sus hijos, antes de que viniesen los blancos y los mataran, y desde entonces no tenemos un dios que escuche nuestras suplicas. Y sucedió que, después de haber creado Dios con tanto afán y fatiga el mundo y de haber puesto sobre la tierra tanta gente y tantos animales procurándoles alimento, sus dos hijos mayores comenzaron a instigar a los menores a la desobediencia, diciéndoles:"Acaso no es hora ya de que reinemos nosotros? Viejo es el Chau, vieja es la Ñuke, por lo menos que nos dejen reinar sobre la tierra" Entonces también sus hermanos menores se dieron a cavilar sobre aquello, y demás esta decir cuanto hizo sufrir al viejo Chau allá en el cielo este deseo de sus hijos.
Al principio, ablandado por los ruegos de la madre, Dios trato de perdonarlo todo pero sus hijos mayores siguieron murmurando, induciendo a los menores a la rebelión, de modo que estos quisieron bajar a la tierra a toda costa. Bien conocían el camino del cielo se pasaba a las nubes, de las nubes a la tierra no serían también capaces ellos de crear seres humanos y animales? Entonces el viejo rey se enfureció, y asió a sus hijos mayores, que eran unos gigantes, del mechón que coronaba sus cabezas, de los largos cabellos del centro del cráneo, que son un distintivo del mando entre los araucanos, y el los zamarreó varias veces, arrojándolos luego con fuerza hacia abajo y ambos cayeron por entre las densas nubes sobre la pedregosa tierra. Al caer, los enormes cuerpos de los hijos de Dios, arrancaron tremendos fragmentos de montaña y destruían las cumbres de los cerros. Uno cayó de este lado, donde esta hoy el lago Lacar, y su hermano del otro, donde esta el lago Lolog. Sus macizos cuerpos al tocar la tierra formaron unos hoyos gigantescos, pero se hicieron mil pedazos y estos se enterraron profundamente dejando inmensas profundidades que señalaban las huellas de estos titanes del cielo tanto que nuestros antepasados creen ver aun en las inmensas líneas costeras las enormes medidas de los hijos mayores.
Cuando la Madre, a la que también llaman Madre Luna, vio despedazados a sus hijos empezó a la mentarse y a llorar. Sus lágrimas caían sin cesar y su pena aumentaba al ver que el Padre, a quien también llamaban Sol, en su furor mandaba abajo rayos de fuego concluyendo por destruir los despojos de sus hijos. Pero, que podía hacer la Madre Luna? Solo llorar y llenar con sus lagrimas los inmensos huecos y valles sin fondo que fueron lagos mas tarde. No obstante, los despedazados cuerpos volvieron a llenarse de vida. El Padre les permitió volver a ser cosas enteras, aunque no figuras humanas: los gigantes fueron convertidos en Kaikai-filu, la culebra que llena los mares y los lagos, lastima grande que esta culebra heredo la tremenda ambición de reinar que alentara antes en el pecho de los hijos del cielo. La Kaikai-filu empezó a enfurecerse y a odiar a nuestro buen Dios, y sobre todo a la gente que poco a poco estaba abundando sobre la tierra. En su ira, la Kaikai-filu azotaba con su inmensa cola la superficie de las aguas hasta llenarlas de espuma y de marejadas, las rojas alas de la culebra levantaban a gran altura las montañas en las que se había refugiado la gente, esas montañas se llamaban Tren-tren, o sea, Montañas de Fuego. De ellas brotaban los truenos y los rayos, de noche sus cráteres vomitaban fuego, pero sobre esas montañas de fuego vivía una culebra buena que el buen Dios había amasado con una arcilla especial y que debía cumplir la siguiente orden: "Cuando la Kaikai-filu empiece a revolver las aguas, debes avisar a la gente que busque refugio y se salve".
Del Nuevo Diccionario Mapuche-Español, Editorial Siringa:
KaiKai: relacionado con las hojas del Cai (mata con hojas largas, coriaceas y bordeadas de esponas Greigia aphacelata).
Filu: serpiente.

